El Camino Bíblico - 30 de Abril

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1 Kings 21

En la lectura de hoy:

La codicia de Acab lleva a Jezabel a matar a Nabot; la muerte de Acab y de Jezabel es predicha

Acab había reinado en el reino del norte de Israel. Su capital era la ciudad de Samaria. Su vida se resume en sólo pocas palabras: «A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos . . . » (I de Reyes 21:25-26).

Acab invitó a Josafat, el suegro de su hija, quien era el rey de Judá, a unirse a él en la guerra para recuperar a Ramot de Galaad, una fortaleza estratégica en la frontera con Siria. Otros cuatrocientos de los profetas asalariados unánimemente le aseguraron a los dos reyes una gran victoria. Pero el justo Josafat no estaba seguro y le preguntó a Acab: « . . . ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?» (22:7). Repugnantemente, Acab le contestó: « . . . Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal» (22:8).

El mensajero que fue mandado a sacar a Micaías de la prisión « . . . habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré» (22:13-14). Si Micaías hubiese cooperado, sin duda hubiese recibido su libertad inmediatamente. Pero Micaías sabía que la obediencia a Dios era de mucho más importancia que su libertad, y con denuedo proclamó: « . . . Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor» (22:17).

Micaías bruscamente predijo la muerte de Acab. «Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal» (22:18). Entonces Acab mandó que lo llevaran otra vez a la prisión. Dando a prueba que el profeta obediente estaba correcto, Acab murió al primer día de la batalla (22:34,37).

Las consecuencias trágicas de Acab y su desprecio de la Palabra de Dios debe ser una advertencia para todos los que viven cometiendo el mismo error fatal. Al contrario, un seguidor de Jesucristo puede demostrar una infinita paz que guarda su corazón y su entendimiento, y decir como el salmista: «A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido» (Salmo 16:8).

Pensamiento para hoy:

Todos los que cumplen con la voluntad de Dios recibirán recompensas eternas.

Lectura opcional: Romanos 3

Versículo de la semana para aprender de memoria: Juan 13:34

 
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