El Camino Bíblico - 11 de Julio, 2013

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Psalms 92

En la lectura de hoy:

Alabanzas por la amorosa bondad del Señor; clamando a Dios por Su justicia; un llamamiento a cantar; una alabanza al Señor

La adoración no es un «tiempo» reservado para recibir satisfacción personal o para gozarnos de un «buen sermón». La adoración debe ser una expresión del corazón que es activa, que viene de adentro de nuestro ser, y que se muestra por medio de la oración, de la alabanza, y de la adoración, demostrando nuestra estimación de nuestro Padre Celestial y de nuestro Salvador Jesucristo. Siguiendo esto, todo lo otro, incluyendo el sermón, llega a tener más significado. Por inspiración del Espíritu Santo, el salmista invita a los fieles: «Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación. . . . Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de Su prado, y ovejas de Su mano» (Salmo 95:1,6-7). Una parte esencial de la adoración es cuando cantamos de corazón con una actitud de gratitud y con «acción de gracias». La palabra «aclamar» lleva consigo el sentido de expresar gran gozo y devoción a nuestro Señor.

La alabanza al Señor lleva la adoración a un nivel más allá de nuestras necesidades personales a la mayor altura de amor y de adoración que glorifica al Padre Celestial, a nuestro Salvador Jesucristo, y al Espíritu Santo que mora en nosotros. Una persona «concentrada en sí misma» piensa que un servicio de «adoración» es un tiempo de satisfacción personal. Por consecuencia, a veces oímos a tal persona decir: «no me llenó en nada el servicio». La razón es bien clara — tal persona no puso mucho de su parte. Otras personas pierden la llenura espiritual porque deciden reflejar la actitud y los caprichos de los incrédulos cuando son confrontados con circunstancias adversas, como perder un trabajo, la muerte de un ser querido, un divorcio, la acción traicionera de un amigo, o cualquier otra experiencia dolorosa. Cuando decidimos ser infelices y vivimos disgustados, nos privamos del gozo de una vida abundante y llena de paz.

Vamos a pensar en todo lo que nuestro Señor ha hecho por nosotros, en nosotros, y con nosotros, y en todo lo que Él ha prometido para toda la eternidad, y entonces no podremos dejar de adorarle y alabarle. «Servid a Jehová con alegría; (y) venid ante Su presencia con regocijo» (Salmo 100:2).

Nuestra «alegría» estará a la proporción directa de nuestra fe en Dios, en Su presencia, y en Sus promesas que nunca faltan. «Porque Jehová es bueno; para siempre es Su misericordia, y Su verdad por todas las generaciones» (Salmo 100:5).

Pensamiento para hoy:

¿Cuánto de Cristo verán otras personas en ti hoy en día?

Lectura opcional:

I de Timoteo 2

Versículo de la semana para aprender de memoria: Gálatas 6:7

 
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