El Camino Bíblico - 27 de Enero

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Lea Exodus 29

En la lectura de hoy:

Las instrucciones para los sacerdotes y los sacrificios; el holocausto continuo; el altar del incienso; las almas rescatadas; el aceite de la santa unción; regulaciones para el día de reposo; Moisés recibe las dos tablas de piedra del testimonio

Los sacerdotes, quienes ministraban en el tabernáculo, tenían que estar limpios antes de entrar. «Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Harás también una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies» (Éxodo 30:17-19). Después que el sacerdote se lavaba sus manos y sus pies en la fuente, la cual proveía la limpieza de las actividades de la vida diaria, entonces era que él estaba capacitado para entrar en el tabernáculo y por el velo de lino torcido, el cual era la única entrada al lugar santísimo.

Afuera del lugar santísimo, al lado derecho estaba la mesa de la Presencia con sus 12 panes (tortas) sin levadura rociado con incienso. El nombre «el pan de la Presencia» sugiere más que algo nutritivo para el cuerpo. Esto da a entender que allí había un discernimiento espiritual, el cual no se podía obtener en ningún otro lugar. El pan era simbólico de Cristo, quien dijo: «Yo soy el Pan de vida. . . . Yo soy el Pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este Pan vivirá para siempre» (haciéndolo una parte indispensable de su vida) (Juan 6:48,51; 6:29-38; 12:24). Así como la comida diaria se asimila para mantener nuestros cuerpos, de la misma manera, cuando nosotros continuamos leyendo la Palabra de Dios, que es el pan de la vida, el Espíritu Santo ilumina y entonces transforma nuestras vidas. «Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (I de Pedro 2:1-2).

Al lado izquierdo, al frente de la mesa de la Presencia, estaba el candelero con siete lamparillas hecho de una pieza labrada a martillo, de oro puro. El candelero proveía la única fuente para alumbrar el lugar santo (Levítico 24:2-4).

Dios ha provisto sólo un libro — la Santa Biblia — como la fuente de luz para entender Su voluntad en nuestras vidas (Salmo 119:105,130; Proverbios 6:23).

Jesucristo nos dice: « . . . Yo soy la Luz del mundo; el que Me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).

Pensamiento para hoy:

El ignorar la Palabra de Dios siempre nos lleva al engaño.

Lectura opcional: Mateo 27

Versículo de la semana para aprender de memoria:

Proverbios 30:5
 
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