Alimento Diario - 10 de Marzo

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Se sirve por orden de llegada

Entonces la madre de Jacobo y de Juan, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor.  —¿Qué quieres? —le preguntó Jesús.  —Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.  —No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber?  —Sí, podemos.  —Ciertamente beberán de mi copa —les dijo Jesús—, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Eso ya lo ha decidido mi Padre. Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.Jesús los llamó y les dijo: —Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor,y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás;así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:20-28

La madre de Santiago y Juan sabía que algo importante estaba pasando con Jesús, quien se dirigía a Jerusalén. Ella creía que Jesús iba a establecer un nuevo reino terrenal, por lo que tenía un favor para pedirle. ¿Qué tal si dejaba que sus hijos ocuparan puestos de honor en su reino, sentándolos uno a su derecha y el otro a su izquierda?

Ella creía que se servía por orden de llegada. ¿Cuán a menudo sucede eso en su vida?

Es posible que Santiago y Juan simplemente quisieran ‘estar allí’ cuando Jesús reinara en su nuevo reino. Incluso pareciera que hasta estaban dispuestos a arriesgar su vida para obtener lo que querían.

¿Ha deseado tanto algo alguna vez que hubiera estado dispuesto a hacer grandes sacrificios para conseguirlo?

Pero, ¿qué pasó? Jesús dijo que no había venido a ser servido sino a servir, y a dar su vida como pago para hacernos suyos nuevamente. Jesús entregó su vida por nosotros, en nuestro lugar, para que, aún sin pedirle, podamos unirnos a él en su lugar de honor. Él sacrificó su vida no para obtener lo que era suyo, sino para darlo.

Consideremos cómo una vida centrada en Jesús se basa en el servir a otros.

ORACIÓN: Señor Jesús, muéstranos cómo el vivir sirviéndote puede ayudar a otros a ver que la vida eterna es un regalo que ellos también pueden recibir. Amén.

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