Nuestra vestidura habla de quienes somos; a veces, sin embargo, con las mismas vestiduras buscamos cubrir lo que somos, como si ellas jugaran un doble papel. La Biblia nos aconseja a que dejemos nuestras viejas vestiduras a un lado y que nos vistamos de unas nuevas. Dejar aquellas cosas que destruyen y vestirnos de cosas que producen vida.