La “parábola del hijo pródigo” es, sin duda, la más emocionante de todas las parábolas de Jesús, tal vez es por la descripción tan viva de una relación humana; la decisión inesperada del hijo menor de pedir su herencia antes de tiempo, hace suponer su independencia y falta de cuidado por su padre. Este joven representa en lo espiritual a cada uno de nosotros, quienes queremos lo que la vida nos brinda y vivir la vida sin importarnos de nuestra relación con Dios. El padre, no obstante, no olvidó a su hijo, sino que esperó con ansias su regreso, preparado para una gran celebración. No importa cuán lejos hayamos ido de Dios, él nos espera; espera nuestro regreso a casa con brazos abiertos y preparado para una gran celebración.