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Onésimo fue un hombre esclavo, no solamente físicamente, sino también espiritual. La breve historia de este hombre nos da a entender que fue un prófugo, huyó de su amo a consecuencia de una mala acción. Buscó esconderse en la gran metrópoli de Roma, sin pensar que sería hallado por un buen amigo de su amo, el apóstol Pablo, quien le habló de Jesucristo, y Onésimo lo acepto en su vida, esto trajo cambios en su vida, haciendo de Onésimo un hombre nuevo, y finalmente regresar a la casa de su amo con nuevos valores, tantos morales como espirituales.