La fe es la “sustancia” que mantiene viva nuestra esperanza, creyendo que ocurrirá lo que esperamos aun cuando seamos desafiado por la razón, diciendo que no podrá ser. El apóstol Pedro nos advierte diciendo que es necesario que nuestra fe sea probada, así como el oro es probado por fuego, para que al fin de la prueba produzca motivos de alabanza a Dios.