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El apóstol Pablo enseña que la gloria de Dios habita en los corazones de los seguidores de Jesús diciendo que “tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.” Dios ha escogido hacernos participantes de su gloria, a pesar de nuestra fragilidad y falencias para que en todo lo que hacemos El sea exaltado.