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Las ovejas conocen la voz, o el llamado del pastor. Cuando él llama ellas oyen su voz y responden. El libro de Juan nos dice: ‘Yo Soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y Yo conozco al Padre; y pongo Mi Vida por las ovejas.” El pastor que pierde una de sus ovejas, inmediatamente va en búsqueda de la perdida, pues él sabe que el recobro de ella depende totalmente de él.